Ya hace un par de semanas que volvimos de los Alpes eslovenos, de pasar una semana creando, compartiendo y disfrutando del PIFcamp. Es un campamento que reúne a más de cincuenta personas —artistas, creadoras, makers, live coders, investigadoras— apasionadas por experimentar y compartir conocimientos en torno al arte, la naturaleza, la tecnología y la música. Todo ello en un entorno difícil de olvidar: un valle entre dos grandes montañas, en el oeste de Eslovenia, muy cerca de la frontera con Italia, con el río Soča atravesándolo en un azul que parece irreal.
Cada participante dispone de esos días para desarrollar su proyecto y, lo que es más interesante, cocrearlo o compartirlo con las demás. El PIFcamp no funciona como un festival de muestras acabadas. Es una semana de laboratorio al aire libre, donde los circuitos se sueldan tanto en las mesas como entre las personas.
La temática de este año ha sido Growing Circuits. Encaja con lo que ocurre allí: se construyen dispositivos, sí, pero también se cultivan relaciones, ideas y colaboraciones que siguen creciendo mucho después de bajar de la montaña.
Taller de biodata
Este año Fer, en representación de MolinoLab y del proyecto Sinfonía Biótica, ha desarrollado un taller en el que siete participantes se han construido un biodata: un dispositivo de hardware y software libre que convierte los impulsos eléctricos de las plantas —y también de hongos u otros organismos— en información MIDI para generar sonidos o controlar visuales. No extrae nada de ellas: escucha procesos eléctricos que ya están ocurriendo, cambios sutiles de conductividad provocados por la luz, el agua o el contacto.
Soldar, probar, conectar electrodos a distintas plantas y escuchar cómo cada una genera su propia melodía. Al final de la sesión, cada persona se llevó su dispositivo funcionando. Y, como suele pasar en el PIFcamp, el taller no se quedó en el taller: Dima usó uno de esos sensores en su performance del BergCamp, junto a grabaciones capturadas por el valle. Los circuitos, una vez sembrados, siguen creciendo.








Un gran descubrimiento ha sido conocer a parte del equipo de Axolot.cat, basados en Barcelona: Citlali, Roger, Andrés y su perrita Chupilca del Diablo, que se robó el corazón de medio campamento.
Un gran placer compartir con mi hermanita Moira el viaje. Durante el InteractivasFest de este año le hablé del camp y finalmente pudo venir. Juntas cerramos el PifHain el domingo de clausura.
El PIFcamp tiene también sus campistas no humanas: gallinas que recorren el recinto, dos gatos y avispas con las que hubo que negociar el espacio. El valle del Soča impone su propio microclima, y el campamento acaba generando otro, social: salvaje y a la vez seguro, con sitio para quien necesita hablar y para quien necesita callar un rato junto al río.
Open Saturday
El Open Saturday es el día que mejor define qué es el PIF. Por la mañana se dan los últimos toques a los proyectos… o se ensaya la pequeña explicación de por qué todavía no están del todo. Gran parte de lo que nace aquí sigue creciendo mucho después del encuentro físico.
El día se divide en tres partes: el programa diurno, el BergCamp y el PifHain.
Durante el día, los proyectos se despliegan por mesas, patios y orillas. Karolina nos llevó por su taller de autodefensa, que acabó en bordados de plantas venenosas con hilo teñido por esas mismas plantas: el bordado, de pronto, no quedaba tan lejos de soldar. Dasha extendió una mesa de poesía escrita al estilo Dr. Seuss por distintas participantes, con un thneed de ganchillo —un centro de datos de lana— en el centro. Al lado, los tejidos de Zoe, hechos en parejas sobre telares de tensión, con lana conductora enganchada a microcontroladores y un altavoz: se podían tocar como un instrumento. Este año el textil ha tenido una presencia especial, y ha añadido una capa inesperada a la dinámica del camp.

También estaba el prototipo de cyberdeck de micelio de Nastja y Jakob, las muestras de SCOBY de Lea con cobre, pilas de botón y LEDs, y Maša, Marisa y golpeando cada superficie con las uñas recién soldadas.
El río aparece en tantísimos proyectos. Freyja sacó un portátil con muestras de roca del Soča; Aleksander, una pantalla con el agua y musgo vibrante para sostener. Libi emitía una señal de radio con sonidos del río, alimentada por una batería cargada por el propio cauce. Si te acercabas a nadar, podías oír el órgano fluvial de Tamara y Jani, empujado por las corrientes, llamando a quien pasaba de camino.
BergCamp y PifHain
Al atardecer, el BergCamp arranca en la pista de baloncesto detrás de la escuela. Actuaron Jakob y Matjaž, Dima y la planta, Fer y Omar, Bernhard, Toyota Vangelis, CMAR #1 y Blaž, cada cual con proyectos desarrollados durante la semana. Jakob y Matjaž usaron cuatro reproductores de cassette modificados de mil maneras para grabar y devolver los sonidos del entorno.
Esa noche se cena con lo que queda y con lo que la cocina sigue sacando. Hay que decirlo: Živa y Matija, Aja, Nina y Ahac nos cuidaron con una comida extraordinaria. Más tarde apareció un molde de bizcocho de plátano, el premio perfecto entre set y set.
El PifHain se celebra en el almacén de la finca de Neža. La seguridad es estricta: los PIFkids controlan la puerta. Si estás en la lista, un punto verde en la muñeca. Hay rumores de un pin VIP.
Cuando la luna sale por detrás de las montañas, empiezan las piezas de noche. En el campo donde un día estuvo Tilen Town, un faro llama con sonidos suaves. Dentro de un árbol hueco, una luz roja pulsa. La gente del PIF sabe iluminar y usar el lugar.
Dentro, sets de Shu, Moira y Roger, Bernhard, Toyota Vangelis, Omar y Turbulente, Jakob y Matjaž, Blaž y Dasha, Ahac y Blažen. Música y live coding contra las paredes del cobertizo. Noise duro junto a clips de bacterias retorciéndose. Paisajes sonoros profundos, láseres, DJs que no paran entre la mesa y la pista. Todo el mundo baila. Empieza casi una hora más tarde de lo previsto, porque estábamos demasiado ocupadas hablando, afinando, comiendo y montando: el famoso PIFtime.
Circuitos que siguen creciendo
Volvemos con la cabeza llena de ideas. Con más biodatas en el mundo, con amistades nuevas, con ganas de seguir lo que se abrió allí. El PIFcamp es eso: una semana rodeada de gente que quiere hacer cosas hermosas y extrañas, y que no tiene ningún problema en enseñarte cómo.
Growing Circuits, al final, no era solo un lema. Era lo que estaba pasando encima de las mesas, en el río, en la pista al atardecer y en el cobertizo hasta que el cuerpo ya no daba más.
Sonido de la instalación sonora en el río Soča
Galería del PIFcamp 2026 – Fotos de Katja Goljat















































